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Discurso del Presidente del Gobierno de España en la inauguración de la Sala de los Derechos Humanos y de la Alianza de Civilizaciones, del Palacio de las Naciones de Ginebra

Ginebra (Suiza), Tuesday 18 November 2008

Majestades, Secretario General de Naciones Unidas, Presidente de la Confederación de Suiza, Primer Ministro de Turquía, autoridades, Miquel Barceló, señoras y señores,

El arte y la cultura son los mejores embajadores y los mejores anfitriones de un país y de un pueblo. Y lo que el arte y la cultura desvelan es una cierta forma de sentir y de compartir el mundo.

Atendiendo a la petición de Naciones Unidas, España ofrece esta obra a toda la Comunidad Internacional, a todos los seres humanos y a todos los países, y la ofrece para vestir y revestir de belleza y de significado a la nueva Sala XX que hoy inauguramos, a la que se ha tenido a bien llamar de los Derechos Humanos y la Alianza de Civilizaciones.

Quiero por ello, en primer lugar, agradecer muy especialmente al Secretario General Ban Ki-Moon, aquí presente, y a la Oficina de las Naciones Unidas en Ginebra esta doble denominación con la que han querido honrar el recinto en el que nos encontramos, de los Derechos Humanos y la Alianza de Civilizaciones, porque ¿qué mejor modo para mi país, para España, de contribuir a la conmemoración del LX aniversario de la Declaración de los Derechos que éste aportando una obra tan excepcional a Naciones Unidas?

Y junto a los derechos humanos, en convivencia nada casual, la evocación de la iniciativa de la Alianza de Civilizaciones, que impulsamos Turquía y España, y hoy es una iniciativa asumida por las propias Naciones Unidas, secundada ya por un centenar de países y que está dirigida a poner en valor una visión tolerante y enriquecedora de la diversidad cultural y religiosa de los pueblos.

Quiero, asimismo, felicitar al autor de esta obra única, a Miquel Barceló, nuestro genio contemporáneo, que ha concebido un espacio personalísimo y conmovedor, capaz de sorprender e interpelar a personas de todos los países y todas las culturas.

Esta cúpula, esta grandiosa escultura pictórica, constituye, según el propio artista, una buena metáfora del mundo, de su complejidad, de su riqueza y de su diversidad. Es el poder de las obras de arte otorgarle a la vida cotidiana una dimensión de reconocimiento, de gozo estético y de llamada a la reflexión y al compromiso.

Los objetivos que alientan la labor de la Organización de las Naciones Unidas pueden verse aquí transformados en simbólica materia originaria, en simbólico color iluminador de oscuridades. Y aceptar esta invitación de la luz y del color es dar cabida a multitud de miradas, a multitud de respuestas y a multitud de posibilidades.

Escribía Valle Inclán que "ante la vida pueden convivir tres clases de actitudes o de miradas: de rodillas, de frente y en el aire". La mirada de rodillas es siempre de cuidado, sabiendo que la delicadeza es un modo de respeto y de solidaridad con los otros, con quienes nos enseñan a ser y a continuar en la extraña tarea de vivir; es la mirada de la humildad y, por lo mismo, del agradecimiento y de la esperanza. De frente, se nos enseña a ser responsables del pacto, de las leyes y de los convenios; se nos permite situarnos a la altura de nuestros iguales. Y desde el aire, que es tanto como aceptar que formamos parte de un todo que nos supera y nos acoge, a la vez que nos hace sociales pueblo y ciudadanos.

Esta sala invita a ser mirada con todas esas disposiciones de ánimo: con humildad y respeto, con disposición al consenso y a los acuerdos, y con conciencia de nuestra pertenencia a una condición humana compartida que nos trasciende.

Más de un año de trabajo y miles de horas de creación, y de lucha contra las dificultades técnicas que conllevaba este complejo empeño, han dado como resultado esta creación singular; esta impresionante cúpula, barrida por las olas de materia y por los colores, que parece simbolizar una cueva primigenia que reúne bajo su techo a todos los seres humanos, independientemente de su origen o condición.

La sala que hoy inauguramos recoge el legado de otro artista español, José María Sert, que fue el encargado de pintar la gran sala del Consejo del antiguo Palacio de la Sociedad de Naciones, en Ginebra, a unos pocos metros de aquí. Este artista se merece el reconocimiento de todos nuestros compatriotas por haber impulsado la creación del Comité Internacional para el salvamento del tesoro español, en el que participaron los más importantes museos de Europa y cuya actividad fue esencial para conseguir que se salvaran las obras de arte amenazadas por nuestra Guerra Civil.

Majestades, autoridades, señoras y señores,

La Sala de los Derechos Humanos y la Alianza de Civilizaciones es una obra que se debe al esfuerzo del Estado español y de nuestras empresas con mayor peso internacional. Quiere ser, ante todo, un reflejo de la España actual, de la España del siglo XXI, de su energía y de la confianza en sí misma y en el futuro. Quiere ser muestra de una realidad dinámica, rica e imaginativa, que nutre con su trabajo y su talento a artistas como Miquel Barceló, de quien nos sentimos tan orgullosos. Y quiere ser expresión del compromiso de los españoles con los derechos humanos, con el multilateralismo y con la defensa de la paz.

Tiene dicho Ernesto Sábato que sólo hay una manera de contribuir a la protección de la Humanidad y es no resignarse. La España de hoy es una España que no se resigna, un país tolerante y solidario, que se siente comprometido con la suerte de los demás, con la cooperación al desarrollo y la lucha contra la pobreza.

Como parte de este esfuerzo colectivo nos reconocemos a nosotros mismos y así queremos vernos reconocidos en la Comunidad Internacional. Y para que quede testimonio perdurable de esta voluntad nos cabe la satisfacción de legar una obra tan meritoria y singular.

Miles y miles de personas de todo el mundo se asombrarán al contemplar esta obra, la obra de un genio, de un genio español. Un mar universal de naciones y hombres diversos y unidos; un mar que nos evoca una mirada fuerte de compromiso para erradicar la intolerancia, la discriminación y la pobreza en el mundo, y una mirada a favor de la dignidad universal y única del ser humano, es la dignidad de este acto creativo y la dignidad de la empresa colectiva que hemos puesto en marcha. Es la dignidad de su autor y es la dignidad de Naciones Unidas, en donde todos somos iguales.

Muchas gracias.

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